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El primer vampiro de los Cárpatos que no era de los Cárpatos

El primer vampiro de los Cárpatos que no era de los Cárpatos

Mi estómago se ha desacostumbrado a todos los alimentos sólidos y difícilmente podría digerirlos. Casi solamente vivo de líquidos


Esto que te voy a contar mezcla un poco de historia europea del siglo XIX, vampiros sucios, alemanes pomposos, traducciones cuestionables y un libro que, sí o sí, Bram Stoker tenía en su mesita de luz.

Resolvamos primero el click bait geográfico: los Cárpatos son una cadena de montañas que toca partes de Eslovaquia, Hungría, Rumania, etc. Europa del este, bah. ¿Qué lugar está en esa zona de Rumania? Transilvania. ¿Quién vivía en Transilvania? Drácula… basta…

¿Y si te digo que hay un vampiro anterior que vivía en los Cárpatos? [Este sería el gancho si esto fuera un video] ¿Y si te digo que en realidad no vivía ahí y la influencia que tuvo en cierta novela MUY famosa es puramente accidental?

Si todavía no dejaste de leer, esto te va a encantar.

Karl von Wachsmann fue un escritor alemán muy prolífico. Publicó, en 1844, Erzahlungen und Novellen (Cuentos y novelas), una antología de cuentos y novelas cortas. Una de esas novelas cortas es Der Fremde, “El extraño” [en español se tradujo como “El extraño misterioso”, lo cual me parece redundante: todos los extraños son misteriosos, o sea…]. El relato nos habla del conde Fahnenberg, que viaja a los Cárpatos desde Austria para tomar posesión de unas tierras de su hermano muerto. Lo acompañan su hija rebelde Franziska, su sobrino Franz (que le tiene ganas a su prima) y Bertha, la amiga cheta de Franziska.

Antes de llegar a destino, los atacan unos lobos, pero de la nada sale un hombre extraño y los ahuyenta gritando como un desquiciado [no lo dice el texto, pero, ¿hay acaso otra manera de imaginarlo?]. El extraño desaparece antes de que puedan agradecerle, así que, unos días después, Franziska se acerca al lugar donde se encontraron, las ruinas del castillo Klatka, se lo cruza [oh, casualidad] y lo invita a cenar con el resto. El extraño llega, obviamente, de noche. Es viejo, feo y no parece bañarse mucho, pero Franziska está interesada porque es re rebelde. Bertha está impactada. El extraño, Azzo von Klatka [a nadie le llama la atención], dice que le gusta la noche más que el dulce de leche y que se alimenta a base de líquidos, pero nada frío. Franziska le ofrece un vino caliente y él le dice que no, que ya después tomará algo, quizás de ella misma. El conde, bien gracias. No te digo que sospeches que es un vampiro, pero ¿no te molesta un poco que le digan esas cosas a tu hija? En fin…

Franziska sueña que Azzo aparece en su habitación envuelto en niebla y le besa el cuello. ¿Suena familiar? Bueno, a ella no; porque se levanta cansada, pálida y con dos huecos en el cuello y no le da mayor importancia. Pasan los días y empeora. Azzo pasa por ahí cada tanto y oh, caramba, su piel ya no es color pergamino y tiene que algún que otro diente.

Bueno… acelero. Llega de la guerra (contra los turcos) el conde Woislaw, prometido de Bertha. Con su brazo mecánico de oro [¿Game of thrones, qué es eso?] le para la mano a Azzo que estaba por romperle la cabeza a Kronstein. Le saca la ficha enseguida a Azzo, pero no dice nada. A Franziska le pide que lo acompañe, sin hacer preguntas, a la capilla del castillo Klatka, abra el ataúd indicado, le hunda tres clavos al cuerpo de Azzo y se unte un poco de la sangre de la herida por el cuello.

Claramente, hay muchas similitudes entre este relato y Drácula, de Bram Stoker (publicado 53 años más tarde). El vampiro viejo, feo y gagá que es parte de un linaje antiguo venido a menos; que controla a los lobos; que se convierte en niebla; que solo sale de noche; que bebe sangre y se rejuvenece mientras su víctima va muriendo y que muere al ser atravesado en el pecho o zona similar.

¡Y los Cárpatos, Nicolás, hablá de los Cárpatos! Ya voy, calma…

Y viven en los Cárpatos… pero en realidad no. No este vampiro, al menos.

En el texto de Wachsmann, la acción transcurre en las montañas de Carniola, hoy Eslovenia. Los Cárpatos están bastante más al este.

En 1854, se publicó una traducción en inglés en una revista (con un nombre muy largo y aburrido; y creo que ya abusé de tu paciencia con los nombres extraños). Por alguna razón, en esa traducción se trasladó la acción de Eslovenia a los Cárpatos. En una edición de 1860 en otra revista (la Odd and End), se mantuvo esa primera traducción “alterada” (por no decir errónea o simplemente mala). Por si fuera poco, en ambas ediciones se publicó el relato como anónimo, sin autor conocido. Pobre Wachsmann…

“¿Y entonces?”, me dirás. “No hay relación con Drácula…”.

Pero sí, porque hoy (bueno, hace 40-50 años) sabemos todo esto. Cuando Julio Verne (antes de publicar El castillo de los Cárpatos en 1892) y Bram Stoker (Drácula en 1897) leyeron “El extraño” [andá a chequearlo sabés dónde] en alguna de las publicaciones en inglés, se quedaron con la idea de que Azzo von Klatka (me tienta mucho escribir Guido Klatka, así que voy a hacerlo), ese vampiro tan magnético y misterioso, vivía en los Cárpatos.

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que uno de los elementos clave del vampiro más famoso de la historia y el principal motor económico-turístico de Transilvania se deben [voy a exagerar] exclusivamente a una mala (o imprecisa) traducción.

¿Te sentís estafada? ¿Estás indignado? ¿No podés creer que durante todo este tiempo estuviste leyendo todo este ladrillo sin que yo te explique por qué corno esto es importante?

Me gustaría que estas entregas sean así: historias curiosas que te interesen. Si funciona, durarán mucho; si no, durarán poco. Ojalá te lleven a leer, a buscar, a investigar. Con que abras Google Maps para mirar dónde están los Cárpatos, me doy por pagado. Fijate que está relativamente lejos de Eslovenia; pero como dijo Guido Klatka: está mal, pero no está tan mal.


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